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Oncología ocular · 4 min de lectura

Carcinoma de células escamosas de la conjuntiva

Un tumor poco frecuente, de crecimiento lento, más común en países tropicales por la radiación ultravioleta. Qué es, cómo se diagnostica y por qué el seguimiento posterior importa tanto como la cirugía.

Por Dr. Miguel Ángel Olivardia Moreno · · Actualizado el 3 de agosto de 2026

Superficie ocular de un paciente tras biopsia excisional y colocación de membrana amniótica

El carcinoma de células escamosas de conjuntiva es un tumor raro, de crecimiento lento y con malignidad de bajo grado, que puede aparecer de novo o a partir de una neoplasia intraepitelial conjuntival o corneal previa. Se presenta con mayor frecuencia en pacientes con xeroderma pigmentario y con SIDA.

La incidencia varía entre 0,13 y 1,9 casos por 100.000 habitantes y es más frecuente en países tropicales por la radiación ultravioleta B de 290–320 nm, donde además son frecuentes las formas macroinvasivas y las metástasis, determinadas estas últimas por el retraso en el diagnóstico o el tratamiento.

Cómo se presenta

Clínicamente el carcinoma de células escamosas es indoloro. Se presenta entre la sexta y la séptima década de la vida y aparece como una lesión exofítica, sésil o pedunculada, en el área de exposición interpalpebral, de aspecto variable y frecuentemente cerca del limbo. Puede surgir sobre lesiones preexistentes como carcinoma in situ, queratosis solar o displasia epitelial.

A diferencia de las lesiones agrupadas bajo el nombre genérico de neoplasia intraepitelial conjuntival o displasias conjuntivales, el carcinoma escamoso muestra, por definición, ruptura de la membrana basal e infiltración del corion, lo que determina un cambio en la actitud terapéutica.

La displasia se clasifica según el grado de afectación epitelial: leve o neoplasia intraepitelial conjuntival (NIC) grado I, confinada al tercio inferior del espesor del epitelio; displasia moderada (NIC II), que se extiende al tercio medio; y displasia intensa (NIC III), que alcanza el tercio superior.

Diagnóstico

El diagnóstico se realiza mediante biopsia con excisión amplia. En caso de sospecha de invasión ocular puede evaluarse mediante ecografía, y para la valoración orbitaria con estudios de imagen, preferiblemente resonancia magnética contrastada.

El diagnóstico diferencial se realiza con quemaduras químicas, dermoide, melanoma limbal y pterigión.

Patrón de invasión

La invasión intraocular sigue un patrón típico: las células tumorales progresan a través de los canales esclerales del limbo y de las arterias ciliares hasta la malla trabecular y, desde ahí, a la raíz del iris, el cuerpo ciliar y el espacio subretiniano.

Puede existir invasión del humor acuoso por células tumorales, diagnosticable mediante punción de cámara anterior y estudio citológico con tinción de Papanicolaou. La retina, el vítreo y el cristalino no suelen afectarse.

La invasión orbitaria se produce por extensión, y las metástasis a distancia aparecen con mayor frecuencia en ganglios preauriculares, submandibulares y cervicales anteriores, y en la glándula parótida. Se han descrito casos de metástasis óseas y pulmonares.

Dos variantes menos habituales

Carcinoma escamoso fusiforme. Es raro y mucho más agresivo. Se presenta como lesiones planas con gran agresividad y tendencia a la penetración intraocular, simulando en ocasiones úlceras periféricas corneales o pterigión. Histológicamente las células son fusiformes y pleomórficas, con núcleo hipercromático, a veces difíciles de diferenciar de fibroblastos, y pueden ser erróneamente diagnosticadas como histiocitomas fibrosos o fibrosarcomas. Los estudios inmunohistoquímicos positivos para citoqueratinas confirman la naturaleza epitelial del tumor.

Carcinoma mucoepidermoide. También raro, suele aparecer en pacientes de la tercera edad. Es más agresivo que el fusiforme y tiende a invadir el globo ocular y la órbita. Aparece habitualmente en el fondo de saco conjuntival, con un componente globular amarillento debido a las células mucosecretoras.

Tratamiento

Las lesiones conjuntivales pueden tratarse mediante resección histológica controlada, con o sin esclerectomía, utilizando además crioterapia como manejo adyuvante. En algunos casos puede ser necesaria la esclerotomía o la queratectomía lamelar superficial.

La tasa de recurrencia posterior a la excisión es del 30 %, y desciende por debajo del 5 % si se obtiene un margen histológico libre. En algunos casos es necesaria la excisión local combinada con braquiterapia. La enucleación se reserva para casos de invasión intraocular; ante invasión orbitaria puede ser necesaria la exenteración, y en lesiones extensas debe considerarse la radioterapia radical.

La quimioterapia tópica con mitomicina-C o 5-fluorouracilo puede estar indicada para las recaídas o como tratamiento primario en casos precoces seleccionados y tras biopsia excisional. Si el paciente no tolera una cirugía extensa, se plantea tratamiento paliativo.

El seguimiento no es opcional

El seguimiento posterior al tratamiento debe ser cercano, para observar cualquier signo de recurrencia y tratarlo agresivamente si aparece.

De forma ocasional puede presentarse un granuloma piógeno posterior a la excisión en áreas donde la esclera no tiene recubrimiento. Responde rápidamente al tratamiento con esteroide tópico y debe diferenciarse de un tumor recurrente.

La complicación principal es la recurrencia, típicamente durante el primer año posterior a la excisión, aunque puede presentarse tiempo después. La invasión intraocular se ha reportado en 2 a 8 % de los casos y la invasión a órbita en 12 a 16 %.

El pronóstico es razonablemente bueno en caso de excisión completa de la lesión, aunque se han reportado tasas de mortalidad de hasta 4 a 8 %.

Preguntas frecuentes

¿Es frecuente este tumor?

No. La incidencia varía entre 0,13 y 1,9 casos por cada 100.000 habitantes, aunque es más frecuente en países tropicales por la radiación ultravioleta B. Panamá está dentro de esa franja geográfica de mayor incidencia.

¿Se puede confundir con un pterigión?

Sí, y ocurre. El diagnóstico diferencial incluye el pterigión, las quemaduras químicas, el dermoide y el melanoma limbal. Esa es una de las razones por las que una carnosidad de aspecto atípico, que crece rápido o que sangra, merece biopsia y no simplemente observación.

¿Cuál es el riesgo de que vuelva a aparecer?

La tasa de recurrencia posterior a la excisión es de aproximadamente 30 %, y baja a menos del 5 % cuando se obtiene un margen histológico libre. Suele presentarse durante el primer año, aunque puede aparecer más tarde. Por eso el seguimiento es prolongado.

¿Cuál es el pronóstico?

Es razonablemente bueno en caso de excisión completa de la lesión, aunque se han reportado tasas de mortalidad de hasta 4 a 8 %. El factor que más influye en el resultado es la precocidad del diagnóstico.

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