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Vías lagrimales · 3 min de lectura

Lagrimeo en el bebé: cuándo esperar y cuándo tratar

La obstrucción congénita del conducto lagrimal es muy frecuente y la mayoría se resuelve sola. Pero hay un calendario que conviene conocer y señales que cambian por completo la conducta.

Por Dr. Miguel Ángel Olivardia Moreno · · Actualizado el 3 de agosto de 2026

Bebé en evaluación oftalmológica por lagrimeo persistente

Es una de las consultas pediátricas más habituales: un bebé de pocas semanas con un ojo que lagrimea de forma constante y que amanece con legañas, mientras el otro está perfectamente normal.

En la mayoría de los casos se trata de una obstrucción congénita del conducto nasolagrimal, y la mayoría se resuelve sin cirugía. Pero conviene entender por qué ocurre y qué señales cambian la conducta.

Por dónde va la lágrima

La lágrima no se produce para llorar. Se produce de forma continua para mantener la córnea lubricada y transparente, y luego debe drenar.

Desde el ángulo interno del ojo, la lágrima entra por unos orificios diminutos —los puntos lagrimales—, recorre unos conductillos, llega al saco lagrimal y desde ahí baja por el conducto nasolagrimal hasta la nariz. Es la razón por la que al llorar se moquea.

En el desarrollo fetal, el extremo inferior de ese conducto está cerrado por una membrana que normalmente se abre alrededor del nacimiento. Cuando no lo hace, la lágrima no drena, se estanca en el saco y desborda.

Cómo se presenta

  • Lagrimeo continuo, habitualmente de un solo ojo.
  • Legañas, sobre todo al despertar.
  • Pestañas pegadas por la mañana.
  • Piel del párpado irritada por la humedad constante.
  • El ojo blanco, sin enrojecimiento importante de la conjuntiva.

Ese último detalle es útil: en la conjuntivitis el ojo está rojo; en la obstrucción lagrimal simple, el ojo lagrimea y produce secreción pero permanece blanco.

El calendario

Una proporción alta de estas obstrucciones se abre sola durante el primer año de vida. Por eso la conducta inicial en un lactante sin complicaciones es conservadora:

Masaje del saco lagrimal. Es la maniobra principal. Con la uña corta y las manos limpias, presión suave con la yema del índice sobre el saco lagrimal, deslizando hacia abajo, varias veces al día. La presión ayuda a que la membrana termine de perforarse.

Es importante que la técnica la enseñe el oftalmólogo en consulta. Realizado en el sitio equivocado o con presión insuficiente, el masaje no hace nada, y muchos padres llegan frustrados tras meses de haberlo hecho mal.

Higiene. Limpieza de las secreciones con suero fisiológico y gasa limpia, siempre desde el ángulo interno hacia fuera.

Vigilancia. Controles periódicos para verificar la evolución.

Cuándo cambia la conducta

Hay situaciones en las que ya no corresponde esperar:

  • Persistencia más allá del año de vida. Se valora el sondaje de la vía lagrimal, un procedimiento en el que se atraviesa la membrana obstructiva con una sonda fina.
  • Episodios repetidos de infección.
  • Dacriocistitis, la infección aguda del saco lagrimal: un bulto rojo, caliente y doloroso en el ángulo interno del ojo, a veces con fiebre. Requiere atención médica inmediata, no esperar a la próxima cita.
  • Mucocele al nacimiento: una tumoración azulada en la zona del saco, que necesita valoración precoz.

Lo que no hay que confundir

No todo ojo lloroso en un bebé es una obstrucción lagrimal, y aquí está la razón principal para consultar en lugar de asumir:

El glaucoma congénito también produce lagrimeo. Pero se acompaña de fotofobia marcada —el bebé rechaza la luz de forma llamativa—, blefaroespasmo y un aumento del tamaño de la córnea o del ojo. Es una urgencia con implicaciones muy distintas.

También pueden causar lagrimeo una conjuntivitis, una pestaña mal orientada que roza la córnea, o un cuerpo extraño.

Distinguirlas requiere una exploración, no una descripción telefónica. Y ese es todo el motivo por el que un lagrimeo persistente en un lactante merece una consulta oftalmológica, aunque el pronóstico más probable sea excelente.

En el adulto es otra historia

Conviene aclararlo porque genera confusión: la obstrucción de la vía lagrimal en el adulto tiene causas distintas —inflamatorias, infecciosas, traumáticas, por edad— y no se resuelve con masaje ni con sondaje. El tratamiento allí es quirúrgico, mediante una dacriocistorrinostomía, que es un tema aparte.

Preguntas frecuentes

¿Es frecuente?

Bastante. Un porcentaje considerable de recién nacidos presenta cierto grado de obstrucción del conducto nasolagrimal, y la gran mayoría se resuelve de forma espontánea durante el primer año de vida, a medida que la membrana que obstruye el extremo del conducto termina de abrirse.

¿Cómo se hace el masaje del saco lagrimal?

Con las manos limpias y la uña corta, se aplica presión suave con la yema del dedo índice sobre la zona del saco lagrimal —entre el ángulo interno del ojo y la nariz— deslizando hacia abajo. Se repite varias veces al día. La técnica exacta debe enseñarla el oftalmólogo en consulta: hecho en el punto equivocado, no sirve de nada.

¿Cuándo hay que hacer un sondaje?

Cuando la obstrucción persiste más allá del año de vida, o antes si hay episodios repetidos de infección o una dacriocistitis. El momento óptimo se valora caso por caso; no es una decisión que dependa solo de la edad.

¿Qué es una dacriocistitis y por qué es urgente?

Es la infección del saco lagrimal. Se manifiesta como un bulto enrojecido, caliente y doloroso en el ángulo interno del ojo, con frecuencia acompañado de fiebre. En el lactante requiere atención médica inmediata, porque puede extenderse a los tejidos vecinos.

¿El ojo lloroso puede tener otras causas?

Sí, y por eso conviene el diagnóstico. Un glaucoma congénito también produce lagrimeo, junto con fotofobia y aumento del tamaño del ojo, y es una situación completamente distinta. Una conjuntivitis, una pestaña mal orientada o un cuerpo extraño también dan lagrimeo.

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