Pterigión: la carnosidad del ojo y el sol de Panamá
Vivimos en plena franja de mayor incidencia mundial. Qué es realmente esa carnosidad, cuándo hay que operarla, por qué recidiva y qué la distingue de algo más serio.
Por Dr. Miguel Ángel Olivardia Moreno · · Actualizado el 3 de agosto de 2026
El pterigión es un crecimiento de tejido fibrovascular de la conjuntiva que avanza sobre la córnea, habitualmente desde el ángulo interno del ojo. Popularmente se le llama «carnosidad».
No es un tumor. Es una respuesta del tejido a la agresión crónica, principalmente por radiación ultravioleta.
Por qué aquí es tan común
Existe una franja geográfica descrita como «cinturón del pterigión», que corresponde aproximadamente a las latitudes cercanas al ecuador, donde la incidencia de esta patología es notablemente mayor. Panamá está dentro de esa franja.
Los factores que se combinan:
- Radiación ultravioleta alta durante todo el año, sin variación estacional que dé respiro.
- Trabajo o actividad prolongada al aire libre.
- Exposición al viento, polvo y ambientes secos, que irritan la superficie ocular.
- Reflejo de la radiación en el agua y en superficies claras.
En consulta es especialmente frecuente en personas cuyo trabajo transcurre a la intemperie: construcción, transporte, pesca, agricultura, actividades marítimas.
Cómo se manifiesta
- Un tejido de aspecto carnoso, triangular, que avanza desde el ángulo interno hacia la córnea.
- Enrojecimiento del área, que se acentúa con el sol, el viento o el polvo.
- Sensación de cuerpo extraño y ardor.
- Astigmatismo inducido: al traccionar de la córnea, la deforma y altera la visión.
- En casos avanzados, invasión del eje visual y restricción del movimiento del ojo.
Cuándo se opera
No todo pterigión necesita cirugía. Un pterigión pequeño, estable y poco sintomático puede vigilarse con protección solar y lubricación.
Se indica la cirugía cuando:
- Avanza y se aproxima o alcanza el eje visual.
- Induce un astigmatismo que compromete la visión.
- La irritación es persistente pese al tratamiento médico.
- Restringe el movimiento ocular.
- Existe duda diagnóstica que requiera estudio histopatológico.
- El motivo estético es importante para el paciente y el caso lo permite.
El problema de la recidiva
Esta es la conversación central antes de operar un pterigión. La complicación principal no es una complicación quirúrgica en sentido clásico: es que el tejido vuelva a crecer.
Y hay un matiz importante: un pterigión recidivado suele ser más agresivo y más difícil de tratar que el original, con más inflamación y más tendencia a la fibrosis.
Por eso la técnica importa. La extirpación simple dejando la esclera desnuda —el procedimiento más sencillo y más rápido— tiene tasas de recidiva bastante altas. Las técnicas que cubren el defecto con un injerto de la propia conjuntiva del paciente reducen considerablemente ese riesgo.
Conviene que el paciente pregunte qué técnica se le va a realizar. No es un detalle técnico irrelevante: es el factor que más influye en si tendrá que volver a operarse.
Después de la cirugía
- Protección solar rigurosa y sostenida. La misma causa que produjo el pterigión sigue presente.
- Lubricación de la superficie ocular.
- Tratamiento antiinflamatorio pautado, cuyo cumplimiento influye directamente en el riesgo de recidiva.
- Controles programados, especialmente durante los primeros meses, que es cuando la recidiva suele manifestarse.
Lo que no es un pterigión
Dos distinciones útiles:
Pinguécula. Un engrosamiento amarillento de la conjuntiva, junto al limbo, que no invade la córnea. Rara vez requiere cirugía, aunque puede inflamarse. Con el tiempo, algunas evolucionan a pterigión.
Neoplasia escamosa de la superficie ocular. Esta sí es una lesión potencialmente maligna, y puede parecerse a un pterigión atípico. Debe sospecharse ante un crecimiento rápido, un aspecto gelatinoso o intensamente vascularizado, una localización inusual, o en pacientes inmunosuprimidos.
La consecuencia práctica es sencilla: cuando se extirpa una lesión de la superficie ocular con características atípicas, el tejido se envía a estudio histopatológico. No se asume el diagnóstico.
Prevención
La única prevención real es reducir la exposición acumulada:
- Lentes de sol con protección UV certificada, preferiblemente envolventes, que también bloqueen la radiación lateral.
- Sombrero de ala ancha en las horas centrales del día.
- Lubricación en ambientes secos, ventosos o con polvo.
- Protección ocular específica en trabajos a la intemperie.
Es especialmente relevante en la infancia y la juventud: buena parte del daño ultravioleta que se manifiesta en la edad adulta se acumuló décadas antes.